De entre los libros leídos en 2018 voy a destacar cinco por diversas razones.
El primero es El maestro Juan Martínez que estaba allí, de Manuel Chaves Nogales, un autor poco conocido de comienzos del siglo XX y que tiene una prosa muy sencilla, directa e incisiva. La lectura del mismo, así como las menciones que sobre él aparecen en Las armas y las letras, de Andrés Trapiello (libro del plan lector del 2019), me hicieron incluir una de sus obras en el plan lector de este año, esta es, A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, considerada un clásico sobre la Guerra Civil.
Por cómo cuenta las andanzas de Juan Martín y Sole, bailarines flamencos que están de gira por Rusia justo en 1917, cuando estalla la Revolución bolchevique, y porque la novela me ha sugerido sumergirme en otras lecturas afines o ambientadas en la misma época, la reseño en primer lugar.
En segundo lugar mencionaría El árbol de la ciencia, de Pío Baroja, pero en este caso para señalar que a veces una segunda lectura de un libro que ha sido tan influyente en la adolescencia de uno se entiende o percibe de otra manera en la edad adulta, provocando cierta desilusión... y eso es lo que me pasó a mí.
El libro que quiero mencionar en tercer lugar solo lo está por uno de sus cuentos, y no porque los demás no merezcan la pena, sino porque este es tan ocurrente y está tan bien escrito que eclipsa, en cierto modo a los demás. Se trata de El malestar al alcance de todos, de Mercedes Cebrián, un volumen de cuentos intercalado de poemas en el que destaca el maravilloso Tempus fugit. Me lo descubrió una preparadora de la oposición y lo he incorporado a las lecturas que hago con mis alumnos. Además, en una ocasión, ganamos un concurso de lectura en voz alta gracias a un fragmento del mismo (sin obviar la buena lectura que hizo de él la alumna que lo gano, por supuesto).
El cuarto libro sería Usos amorosos de la posguerra española, ensayo de Carmen Martín Gaite que llegó a mí después de Usos amorosos del siglo XVIII en España y que casualmente leí antes, quizá por su formato de bolsillo. Sin embargo, frente a la tesis de la escritora, que tengo aún pendiente de acabar, el de la posgurerra es menos erudito, concede más al lector y pierde un poco la gracia. También es verdad que llegué hasta él después de leer La reina de las nieves, probablemente el libro que menos me haya gustado de una de mis escritoras favoritas, y que buscaba resarcirme un poco y encontrar esa conexión con ella a través de una realidad que podía ofrecerme un ensayo.
Y para acabar, otra relectura, en este caso un libro que me fascinó en su día y que lo volvió a hacer nuevamente, Juegos de la edad tardía, de Luis Landero. De este libro recordaba casi todo, menos el final, que la verdad es que se me volvió un poco enrevesado y muy poco indeleble, hasta el punto que no ha pasado ni un año y ya se me ha vuelto a olvidar. (Por cosas como estas se justifica la existencia de este blog).
Además de las citadas, durante el 2018 leí o releí las siguientes obras:
- La reina de las nieves, Carmen Martín Gaite.
- Prosas profanas, Rubén Darío.
- Versos sencillos, José Martí.
- Martín Fierro (primera parte), José Hernández.
- El rayo que no cesa, Miguel Hernández.
- El silbo vulnerado, Miguel Hernández.
- Versos libres, José Martí.
- La catedrática, María López Villarquide.
- Memorias de Leticia Valle, Rosa Chacel.
sábado, 18 de mayo de 2019
Libros 2018
Etiquetas:
critica literaria,
plan lector,
sinopsis
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